miércoles, 22 de agosto de 2012

El Transplantado

Por Eduardo Solá Franco 

Érase una vez, un hombre colmado de dones.
Pero él no se daba cuenta
Y gemía…
por aquello que le faltaba.
Era justamente aquello que no tenía que era lo esencial
para la paz de su espíritu
que es tan importante tener.

Le faltaba el silencio que él amaba,
la belleza en torno suyo; importante para elevar el alma a mejores regiones.
Le faltaba comprensión de aquellos que se decían ser de su familia
y eran indiferentes a todos sus esfuerzos.
Le faltaban cosas que él necesitaba como agua para el sediento
pero eso a los ojos de los otros no eran importantes, pues le decían…
“Tienes dinero, salud, no eres contrahecho”…y otras cosas, así…
Para los otros poseer es ya una virtud o casi.

Este pobre ser vivió muchos años, demasiados,
siempre esperando lo que no llegaba;
vivía inquieto, sabiendo además que algo vital no había sido nunca suyo
y todo en sus manos se convertía en trapos, papeluchos, oropeles,
nada de valor, y el vivir, se le antojaba no hacer nada y un hastío profundo.
A pesar de todo eso, a veces, tenía arranques espirituales
y la fe en el ser supremo, pero…
¿Por qué vivo aquí?
¿En este páramo para mis necesidades? se decía.
Este pobre ser vivió muchos años, demasiados.
Siempre esperando el momento de encontrarse en un amplio campo verde
con bosques y riachuelos y ovejas en la distancia
y montañas azules de un lado y mar del otro
y brisa tibia con una larguísimo atardecer
y silencio, excepto por algún lejanísimo piano tocando, ¿Schumann? ¿Chopin?

De todos modos una música que calmara sus anhelos.
No deseaba ya a nadie a su lado, sólo una nueva luna en el cielo azul
y el perfume de la tierra…

Un creador, un artista, se encontró en la ciudad en la cual a nadie importaba
lo que él hacía o podía seguir creando
y un día, dejó de hacer.
Se cruzó de brazos y contempló la pared de enfrente
hasta que la pintura comenzó a cuartearse
a caer en polvo.
Los ladrillos se hicieron tierra y a todo se lo tragó la noche.
¿La moraleja de la historia? No la hay.

Nuestras rutas son siempre jeroglíficos incomprensibles…


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