Manuel Morales a quien le gusta andar por las calles de Guayaquil hasta altas horas de la noche nos dice: Paseo por la calle, todo sigue igual, el mismo devenir de la existencia se refleja en el ir y venir incesante de las personas que se cuentan a miles, mientras intento buscar una expresión de personalidad en medio de tanta colectividad anónima.
Me pregunto dónde iran esas personas, en que estaran pensando, que
objetivo tienen en mente, percibo el sinsentido de la indiferencia en
sus ojos, unos ojos en los que no encuentro esa luz que en otras
ocasiones los iluminaba y les daba vida.
A pesar de esta aparente inexpresividad algo me dicen esas miradas,
algo que quizás no debo ni entender porque hay cosas que nos superan,
hay situaciones en las que las palabras no atienden a revelar todo el
misterio que nos depara una simple imágen.
En la más absoluta morada del vacio, reside la llave de entrada al
misterio, porque este quizás no reside en la infinitud de los grandes
hallazgos esperituales, sinó simplemente en la más sencilla y llana
visión, en un insignificante y rutinario acontecimiento, que a pesar de su insignificancia desprende un poder de seducción y atracción sin límites conocidos.
Sera tan cierto que cuando la mirada se mantiene por mas de tres
segundos, con alguien del sexo opuesto, hay algo así como una «química»
de atracción, algún estimulo, llamese extinción o cosas parecidas, esas
que por segundos se vuelven agradables
Por: Antonio Muñoz Ramos




0 comentarios:
Publicar un comentario