Por María Fernanda Campos
Hace 28 años, Michell Vera llegó al mundo para vivir una vida con pronóstico reservado. Hijo de madre soltera, jamás conoció a su padre, hecho que lo emparentó con el infortunio y la tragedia.
Según Rodríguez Rabanal, autor del libro (1995) “La violencia de las horas, Un estudio psicoanalítico sobre la violencia en Perú”,la ausencia del padre, física y afectiva, en los primeros años de vida, potencian los impulsos destructivos y autodestructivos en los individuos.
Y la infancia de Michell fue una bomba de tiempo. Los juguetes eran escasos y los alimentos también. Su madre trabajaba de cocinera en una camaronera y el sueldo era ínfimo. No había tiempo ni dinero para la diversión. Sin embargo, para Michell, la falta de recursos era el mal menor frente a la ausencia de su padre. Él lo recuerda: “Necesitaba hablar con alguien que me diera un consejo, que me escuchara, necesitaba sentirme amado”. Su madre apenas si le sobraba tiempo para alimentar el alma de sus dos hijos. Trabajaba a tiempo completo. A duras penas, Michell recibió migajas de afecto de Esthela, su hermana mayor, quien fue su amiga en estos primeros años de desamor.
Creció en una humilde casa del Guasmo Central, donde la pobreza se enseñoreaba todos los días. Tan apremiantes eran las necesidades de su hogar, que debió abandonar los estudios cuando cursaba el tercer año de secundaria. La prioridad era sobrevivir. La única opción de Michell era asumir el rol del “hombre de la casa”, ser el sostén económico de la familia. Empezó a trabajar desde los quince años recogiendo langostas. Ya para entonces llevaba tres años como miembro activo de la Pandilla Los Lennos, surgida en el seno lodoso del Guasmo Central. A falta de padre buenas son las pandillas” probablemente pensó Michell y se refugió en ellas. Y las pandillas fueron desde entonces su padre, su madre y su amigo.
La desintegración familiar es una característica central de los integrantes de las pandillas o maras. Sus ansias de identidad y respeto hace que los jóvenes sean presas fáciles de grupos subalternos. Figuero Altamiran y Sulmont, autores del libro ¨Exclusión social y desigualdad en el Perú¨ ,afirman que se debe también a este proceso de incorporación temprana del niño luego del adolescente al trabajo, en condiciones de exclusión y marginación de trabajo productivo hegemónico de la sociedad.
Según la teoría de Albert Cohen, los jóvenes se unen a las pandillas para obtener respeto dentro de su grupo o barrio. Son una organización de personas que buscan una carencia determinada, esto es una familia, un refugio, afectos que no encontraron en su hogar, además de obtener recursos económicos.
El profesor de criminología y derecho penal de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil, el Dr. Francisco Bodero Carrión, explica que las pandillas ecuatorianas están perfectamente organizadas, tienen sus reglas, estilos de vida y signos que los identifican. Según Bodero los pandilleros ecuatorianos son muy parecidos a los pandilleros estadounidenses. ¨Son jóvenes sin brújula, que encuentran en el pandillerismo un guía, un padre”. Y añade: “Se basan principalmente en lo que ven en la televisión y lo que los distintos países les enseñan a través de esta¨.
La tez bronceada y sus ojos acaramelados le valieron a Michell Vera el apodo de ‘El Gato”. Así lo llaman sus amigos, los integrantes de las tres pandillas a las que ha pertenecido a lo largo de su vida: Los Lennos, los Ñetas y una pandilla de Machala, de la cual no quiso revelar su nombre. Justamente en esa ciudad es donde vivió su primer encierro. A los 18 años de edad fue llevado a prisión por intento de asesinato después de haberle descargado seis tiros a otro joven por venganza. Este crimen no fue más que la coronación de una vida llena de violencia. ¨Yo tuve que entrarle a puñete a un man para entrar a la pandilla¨ cuenta Michell. El lema principal de una pandilla es ¨no dejarse ver las huevas de nadie¨, según confiesa “El Gato”, que relata que para ser miembro de una pandilla tienes que recibir una paliza “como prueba de que puedes aguantar los golpes de las pandillas rivales”.
Las pandillas tradicionales hispanas, según el libro Maras y Pandillas en Centroamérica de José Miguel Cruz, se crearon para formar unidades raciales y como medida defensiva contra la marginación y el racismo. Tiempo después se desarrollaron las pandillas callejeras de connotaciones negativas. Una de las pandillas relativamente reciente es la de Los Ñetas, banda armada que se formó en 1981 entre los reclusos de la prisión de Oso Blanco, en Río Piedras, Puerto Rico, tras varios disturbios, levantamientos y huelgas dentro de la cárcel. Los Ñetas sufren lo que se ha denominado el fenómeno de la internacionalización. Es por esto que ellos no se consideran una pandilla sino más bien una nación. Los gobiernos de Puerto Rico, Ecuador, España, Estados Unidos e Italia ya han dado cuenta de sus actividades ilícitas.
La sociedad norteamericana, en donde prima un capitalismo voraz, refleja en sus medios de comunicación que una persona de éxito es la que tiene grandes cantidades de dinero y debido a la globalización este concepto llega a casi todos los rincones del mundo como un modelo a seguir. Estados Unidos al igual que la mayoría de países latinoamericanos tiene un índice delictivo altísimo. Michell Vera, integrante de los Ñetas, señala que una de las razones principales por las que delinque es que es la manera más fácil y rápida de conseguir dinero para comprar ropa y salir con mujeres. “Una de las cosas que me impulsó a entrar a una pandilla y robar fue el obtener cosas, ropa, mujeres, vestirme bien”.
La cultura de lo inmediato, está totalmente inmersa en la sociedad ecuatoriana, según el criminólogo Bodero, ya que el respeto se mide
–equivocadamente- por la cantidad de dinero que la persona posee. Es decir que, si el estado no te da las garantías necesarias para tener una vida digna y para alcanzar los ideales que te propugnan los medios de comunicación o el imaginario social, que es la clase media , estas personas sin oportunidades, tienen que buscar otras vías para adquirirlas, y caen en el delito: robo, hurto, asesinato, narcotráfico, secuestro, etc.
Los dedos de ‘el gato’ parecían ceniceros. Estaban lacerados por quemaduras producidas por manipular drogas como marihuana y ¨maduro con queso¨ (cocaína con marihuana). Los pandilleros también son víctimas de las organizaciones narcodelictivas pues los utilizan como expendedores de droga lo cual los induce a probarlas. Estas organizaciones además les proveen armas para que se protejan y cobren deudas.
Es evidente que el mundo no marcha bien. Que el imaginario que se ha construido retuerce en extremo a las personas. Según Bodero, los pandilleros que delinquen y ya están fichados, es decir, que ya cuentan con un record policial de detenciones, difícilmente logran reintegrarse a la sociedad, por la misma razón por la que entraron en el delito: por la falta de oportunidades. El estado en su accionar realmente no garantiza su reinmersión. Es por esto que la mayoría de delincuentes que han cumplido penas relativamente largas, no es que no aprenden la lección, el asunto es que no saben hacer nada más que delinquir para subsistir y nadie les da oportunidades laborales.

Además, desde el momento que un ciudadano ingresa en calidad de detenido a la Policía Judicial, según el fiscal de flagrantes del Guayas, Daniel Rodríguez, es objeto de un proceso penal, por cualquier tipo de delito, así sea el más ínfimo, inmediatamente queda registrado en la base de datos de la Policía y su record policial que manchado. Así empieza, lo que denomina la teoría social-criminológica del Etiquetamiento o Labelling Aproach, esto es la estigmatización pública del sujeto como desviado o criminal. Es decir, que si el estado le pone un sello o etiqueta de delincuente a la persona que haya cometido un ilícito, este posiblemente encontraría muy pocas o nada de oportunidades laborales, ya que en todo trabajo solicitan el record policial como requisito fundamental. El resultado final de esta estigmatización es la adopción de la etiqueta por el sujeto , es decir la de criminal, por la falta de oportunidades que le da la sociedad para estudiar, trabajar, sobresalir, etc.
Michell Vera, es el resultado de una cadena de errores de índole social, económico y político. Un ser humano nace con la voluntad de llevar una vida digna, pero la sociedad le niega educación, oportunidades laborales, recursos económicos. Son simplemente seres contaminados por un estado indiferente y una sociedad enferma.



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